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Pablo Neruda

Sección: Poemas de Amor » Canto A Las Madres De Los Milicianos Muertos

"Canto A Las Madres De Los Milicianos Muertos"


NO han muerto! Están en medio

de la pólvora,

de pie, como mechas ardiendo.

Sus sombras puras se han unido

en la pradera de color de cobre

como una cortina de viento blindado,

como una barrera de color de furia,

como el mismo invisible pecho del cielo.

Madres! Ellos están de pie en el trigo,

altos como el profundo mediodía,

dominando las grandes llanuras!

Son una campanada de voz negra

que a través de los cuerpos de acero asesinado

repica la victoria.

Hermanas como el polvo

caído, corazones

quebrantados,

tened fe en vuestros muertos!

No sólo son raíces

bajo las piedras teñidas de sangre,

no sólo sus pobres huesos derribados

definitivamente trabajan en la tierra,

sino que aun sus bocas muerden pólvora seca

y atacan como océanos de hierro, y aun

sus puños levantados contradicen la muerte.

Porque de tantos cuerpos una vida invisible

se levanta. Madres, banderas, hijos!

Un solo cuerpo vivo como la vida:

un rostro de ojos rotos vigila las tinieblas

con una espada llena de esperanzas terrestres!

Dejad

vuestros mantos de luto, juntad todas

vuestras lágrimas hasta hacerlas metales:

que allí golpeamos de día y de noche,

allí pateamos de día y de noche,

allí escupimos de día y de noche

hasta que caigan las puertas del odio!

Yo no me olvido de vuestras desgracias, conozco

vuestros hijos

y si estoy orgulloso de sus muertes,

estoy también orgulloso de sus vidas.

Sus risas

relampagueaban en los sordos talleres,

sus pasos en el Metro

sonaban a mi lado cada día, y junto

a las naranjas de Levante, a las redes del Sur, junto

a la tinta de las imprentas, sobre el cemento de las arquitecturas

he visto llamear sus corazones de fuego y energías.

Y como en vuestros corazones, madres,

hay en mi corazón tanto luto y tanta muerte

que parece una selva

mojada por la sangre que mató sus sonrisas,

y entran en él las rabiosas nieblas del desvelo

con la desgarradora soledad de los días.

Pero

más que la maldición a las hienas sedientas, al estertor

bestial

que aúlla desde el África sus patentes inmundas,

más que la cólera, más que el desprecio, más que el llanto,

madres atravesadas por la angustia y la muerte,

mirad el corazón del noble día que nace,

y sabed que vuestros muertos sonríen desde la tierra

levantando los puños sobre el trigo.

Autor: Pablo Neruda

Publicado: sábado, 01 de agosto de 2015

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