Homenaje

Amado Nervo

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Ha muerto Rubén Darío,

¡el de las piedras preciosas!

Hermano, ¡cuántas noches tu espíritu y el mío,

unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas,

sondar quisieron ávidas el Enigma sombrío,

más allá de los astros y de las nebulosas!

Ha muerto Rubén Darío,

¡el de las piedras preciosas!

¡Cuántos años intensos junto al Sena vivimos,

engarzando en el oro de un común ideal

los versos juveniles que, a veces, brotar vimos

como brotan dos rosas a un tiempo de un rosal!

Hoy tu vida, inquieta cual torrente bravío,

en el Mar de las Causas desembocó; ya posas

las plantas errabundas en el islote frío

que pintó Böckin... ¡ya sabes todas las cosas!

Ha muerto Rubén Darío,

¡el de las piedras preciosas!

Mis ondas rezagadas van de las tuyas; pero

pronto en el insondable y eterno mar del todo

se saciara mi espíritu de lo que saber quiero:

del Cómo y del Porqué, de la Esencia y del Modo.

Y tú, como en Lutecia las tardes misteriosas

en que pensamos juntos a la orilla del Río

lírico, habrás de guiarme... Yo iré donde tu osas,

para robar entrambos al musical vacío

y al coro de los orbes sus claves portentosas...

Ha muerto Rubén Darío

¡el de las piedras preciosas!

Publicado: viernes, 18 de septiembre de 2015, Autor: Amado Nervo